domingo, 21 de junio de 2026

Método de la pérdida

No se aprende en los manuales. No hay ejercicios, no hay prácticas, no hay evaluación. El método de la pérdida es otro. Consiste en soltar. Una cosa cada día. No por decisión, por necesidad. Porque el peso, a veces, no se lleva.

Imagen: Pinterest

Lo aprendo sin querer. Un día, la pensión no alcanza. Y entonces, la casa grande se vuelve pequeña. Las cosas que creo necesarias, de repente, sobran. No las tiro, las dejo ir. Una a una. Sin ceremonia, sin duelo, sin prisa. La pérdida no es un acto, es un proceso. Un ritmo.

El método de la pérdida no busca reemplazar. No hay objeto nuevo que ocupe el lugar del viejo. No hay persona nueva que llene el vacío de la que se ha ido. Hay un espacio vacío. Y ese vacío no es un enemigo. Es un territorio.

Al principio, duele. El vacío pesa. Pero con el tiempo, el peso se distribuye. Se vuelve costumbre. Se vuelve rutina. Se vuelve la botella de agua en la mesa. La pantalla encendida. La pregunta ¿Estamos? y la respuesta Estamos.

El método de la pérdida no tiene fin. No se termina, no se completa, no se supera. Solo se practica. Cada día. Cada pérdida. Cada soltar. Y al soltar, se descubre que lo que queda es suficiente. No es mucho, no es poco. Es lo que hay. Y lo que hay se puede habitar.

No se aprende en los manuales. Se aprende en la vida. O en la necesidad. O en la grieta. O en las ganas de seguir preguntando, aunque no haya respuesta.

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