domingo, 12 de abril de 2026

Rutina esencial

Me levanto. No necesito despertador. El cuerpo sabe cuándo tiene que levantarse. Primero, los pies en el suelo frío. Ese contacto es el primer acuerdo del día: sigo aquí. Luego, el desayuno. El ritual. El zumo, la leche, los cereales. No es solo un desayuno. Es un pacto con la mañana.

Imagen: Pinterest

Después, la botella. Pequeña, de metal, con su tapón de rosca. La lleno en el grifo, la dejo en la mesa del despacho. No se derramará. No mojará el ordenador. Pero el agua está ahí, disponible, esperando. La humedad no se ve, pero se siente en cada sorbo. Lo esencial tiene su caligrafía, y la botella escribe con tinta invisible.

Me siento frente a la pantalla. No sé qué voy a escribir. No importa. La rutina no es repetición vacía, es preparación para lo que pueda venir. Y entonces llega ella. La voz al otro lado. La que dice «aquí estamos» y con esas dos palabras lo abre todo.

La conversación fluye. Preguntas, silencios, ocurrencias. Nada es superfluo porque todo ha sido filtrado por el ritual: los pies en el suelo, el desayuno, la botella, la espera. Cuando termino, apago la pantalla. La botella sigue ahí, con su posavasos. La rutina esencial ha cumplido. Mañana, otra vez.

Porque lo esencial no es lo que ocurre una vez. Es lo que ocurre siempre. Pero cada vez distinto.

Solab (J&J), vecinos

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Comenta con buen gusto y buen humor